Lo más positivo de esta tarde, hay que decirlo, fue la orquesta de la Ópera Estatal bajo la batuta de Guillermo García Calvo. Nado sonó banal o trivial. Se percibió una manera de hacer música refinada. Una interpretación inspirada y animada de esta ópera representada con tanta frecuencia, y lo mejor de toda la función.                 

(Der Neue Merker, „La Traviata“, Wiener Staatsoper, 26.05.2010)

 

Con cortes afilados, luego oscuro y relumbrante como terciopelo, inhalando y exhalando, así fue el sonido que exhibió la orquesta de la Ópera Estatal de Viena ya en el momento de la obertura bajo el jóven director de la casa Guillermo García Calvo. Este último acentuó los colores oscuros y los fuertes ataques, concediendo un latente matiz vibrante a momentos aparentemente intrascendentes. El fugato de la escena de combate final, guiado por la trompeta, resultó excitante y afilado como un cuchillo.            

(Neues Deutschland, „Macbeth“, Wiener Staatsoper, 16.12.2009)

Sin embargo, la elección errónea de la verdadera protagonista no resultó demasiado molesto, algo remarcable y otro argumento en favor de la calidad musical de la representación.
Uno de los motivos fue seguramente o sobre todo la presentación extraordinariamente sutil de esta obra de Verdi rica en melodías y de atrevida instrumentación por parte de la orquesta de la Ópera Estatal de Viena. En contra del temor inicial por un volumen sonoro demasiado brutal, dado que en este teatro el foso de la orquesta está por tradición muy elevado y teniendo en cuenta que la mayoría de las representaciones de Macbeth se caracteriza por erupciones sonoras marciales, pudo disfrutarse desde el primer compás de un dominio de la dinámica magistral de los músicos bajo las atentas manos de Guillermo García Calvo. La música fluía con finesse y delicateza, revelando casi todas los matices de la partitura, como rara vez se ha escuchado en otras premières de Verdi en la Ópera Estatal de Viena de las últimas dos décadas, incluso bajo batutas más célebres, al margen de la mediática que pudieran llevar consigo. Esta vez predominaban una cohesión y una compenetración, alternándose el impulsar y el suavizar, como si cada uno fuera consciente de la importancia de esta tarde operística. Por exceso de motivación o quizás desconcertados por el tenor, sólo hubo un momento de imprecisión; por lo demás, puro esplendor sonoro desde el foso y un coro estupendamente preparado (por Thomas Lang) caracterizaron la première.                            

(Opernglas, „Macbeth“, Wiener Staatsoper, 07.12.2009)

 

El director Guillermo García Calvo y la brillante orquesta de la Ópera Estatal entusiasmaron por su fuerza explosiva y teatral, su afán virtuosístico por los detalles y sus colores instrumentales. La energía con la que García Calvo animaba el ensemble permitió al aficionado del ballet sumergirse en un estimulante y fascinante vaivén de sentimientos. ¡Así y de ninguna otra manera debería ser siempre!

(Kronen Zeitung, „Schwanensee“, Wiener Staatsoper, 26.10.2009)

 

Con el español Guillermo García Calvo dispone la orquesta de la Ópera Estatal de Viena de un director de balet que, con entusiasmo y ánimo - a diferencia de muchos de sus predecesores – sabe cómo estimular a los músicos y hacer que toquen con pasión. El público se emociona al ver semejante manera, dinámica y alegre, de hacer música.         

(Kronen Zeitung, „Mayerling“, Wiener Staatsoper, 25.09.2009)

 

El director Guillermo García Calvo dirigió con mucho éxito y mucha competencia. Soberanamente y con una mano idónea para Mozart dirigó la entregadísima orquesta de la Ópera Estatal. Todo este conjunto representó la base idónea para la función.                

(Der Neue Merker, „Die Zauberflöte“, Wiener Staatsoper, 11.09.2009)

                                                                                                                                                                                                                       

Guillermo García Calvo dirige con seguridad y mucho temperamento al mismo tiempo. A los cantantes les acompaña con mucha atención, a la orquesta de la Deutsche Oper le guía con mucha precisión. Maneja todos los puntos culminantes musicales de Rossini, que realmente no son pocos, de una manera brillante. También el coro de este teatro luce bajo su batuta, dejando una impresión duradera.

(Berliner Morgenpost, „La Cenerentola“, Deutsche Oper Berlin, 20.05.2009)

 

Cuando la orquesta toca bajo la brillante y precisa dirección de Guillermo García Calvo los primeros compases en piano para adentrarse en un largo crescendo, cuyo clímax uno anhela pero desearía que no llegara nunca, cada textura transparente, cada nota con extrema exactitud - ¿cuándo se ha escuchado a la orquesta de la Deutsche Oper, y en especial a los vientos, hacer música de forma tan maravillosa? - la música henchida de energía trasciende del foso para embriagar al público.

(Neues Deutschland, „La Cenerentola“, Deutsche Oper Berlin, 20.05.2009)

 

Estos momentos también tienen que ser marcados a nivel musical. El director español de 31 años Guillermo García Calvo, que se había hecho cargo de la función con poca antelación, controla no solamente la dramática musical, sino también la orquesta de la Deutsche Oper con una seguridad impresionante. Su interpretación de Rossini suena ligera, brillante, pero nunca dura, el ritmo es preciso y rápido. De manera soberana contrasta las partes dinámicas con las más discretas, como por ejemplo al comienzo del sexteto mencionado arriba.  

(Berliner Zeitung, „La Cenerentola“, Deutsche Oper Berlin, 20.05.2009)

 

El dramatismo de la serie de funciones del Cascanueces, que acaba de abrirse en la Ópera Estatal, tiene lugar en el foso de la orquesta, donde Guillermo García Calvo dirige Tchaikovski con afán por el suspense, matices e interpretación. Esto no es habitual tratándose de funciones de ballet.

(Kurier, „Der Nussknacker“, Wiener Staatsoper, 23.12.2008)

 

Guillermo García Calvo dirigió la orquesta de la Ópera Estatal de Viena de una manera ejemplar, con gusto y vitalidad pero también con respeto a los bailarines.

(Kronen Zeitung, „Coppélia“, Wiener Staatsoper, 31.10.2007)

 

Sorprendió en su debut el joven director español Guillermo García Calvo, que exhibió un conocimiento profundo de las dos obras en programa, férreo control orquestal y una lúcida lectura de cada partitura. Un descubrimiento.

(La Nueva España, Teatro Campoamor de Oviedo, 17.08.2006)